miércoles, 11 de marzo de 2015

Esto es sólo un hasta luego


Hace dos años, por estas fechas, escribí un post llamado La bien nacida.

No sé si lo recuerdan. Yo, desde luego, lo recuerdo perfectamente. En él les anunciaba el paso por imprenta de este blog, que les iba a fustigar hasta que se hiciesen con un ejemplar y, sobre todo, les daba las gracias. Y es que, queridos lectores, sin ustedes esa transformación no habría sido posible.

Sin embargo, y como bien ilustran las bolas de heno que desde hace meses (¿más de un año?) campan a sus anchas por esta página, aunque no lo pareciese, aquello resultó ser el principio del fin. Es verdad que no dejé de prodigarme enseguida, pero la chispa se fue apagando y a estas alturas puede decirse que esa etapa, la de una mamá española en Alemania, está cerrada para siempre.

Este blog ha muerto de inanición y hoy he venido aquí a despedirme.

Y darles una explicación, eso sobre todo. La inseguridad, el miedo al fracaso y la falta de experiencia me impidieron hacerlo antes. No quería irme sin decir el porqué, pero tampoco me atrevía a confesarles lo que me traía entre manos. No hasta que supiese si iba a merecer la pena.

Y la ha merecido, creánme. Vaya que sí.

Ha sido un año y pico de trabajo duro y absorbente. Cambiar de registro, de formato y de chip no ha sido fácil. Pero lo he conseguido. Y no puedo estar más contenta con el resultado.

Para verlo, eso sí, falta más de un año. Primavera del año que viene, dice mi editora. En ficción, me explicó, el tiempo no apremia tanto.

Y es que la razón por la que desaparecí de aquí fue una historia ficticia, que ni trata de niños, ni transcurre en Alemania, ni, aunque tenga alguna situación cómica que invite a la risa, es de humor. No tiene nada que ver con esto. Y esa es, también, una de las razones por las que no he querido profanar este blog. Una mamá española en Alemania seguirá abierto, pero no lo actualizaré más. Continuaré por las redes y es muy probable que me abra otro, diferente, más personal y menos apersonajado. Procuraré avisarles porque, lo crean o no, yo también les he echado a ustedes muchísimo de menos.

La primavera que viene estará a la venta mi novela, de la mano de Penguin Random House Debol!llo. Espero que me queden uñas para entonces y que ustedes hayan podido perdonarme el secretismo.

lunes, 17 de marzo de 2014

La que avisa no es traidora

Esta semana me encuentran ustedes por aquí...



http://elclubdelasmadresfelices.com/avisa-no-es-traidor/

martes, 11 de febrero de 2014

Donde dije digo... acabo siempre diciendo Diego.

Debería de haberlo sabido. Digo yo, vamos, que para eso me veo la jeta a diario desde hace treinta y dos años y me conozco mejor que nadie.

Y es que basta con que, toda flamenca, haya yo puesto a Gott por testigo de algo, que lo tenga repetido hasta la saciedad o que se lo esté recordando a diario a mis congéneres, para que acabe incumpliéndolo.

No falla, oigan.

Bien lo saben mis polluelos, que escuchan cientos de veces al día aquello de que me voy a enfadar - acoletillado al caer las tardes por un lo digo en serio guturalísimo pero, visto lo visto, nada convincente.
Lo intuye el Maromen, al que a menudo encarantoño con promesas de varios rombos si acuesta él a la prole, para mutar en orco roncante nada más rozar la almohada.
Y mis padres, pues qué van a decir ellos, que me han escuchado jurar y perjurar que nunca jamás me casaría ni mucho menos tendría hijos, y ya sabemos todos (carraspeo general) cuál es mi actual tesitura.

Mas sobre este tema en particular, del que con humildad vengo hoy a desdecirme, tentados estuvieron de creerme en tropel. Supongo que el hecho de ir regalando o desechando absolutamente todo lo que ya no usaba podía interpretarse como señal inequívoca de mi férrea determinación; y también, claro está, mi súperconvincente actitud durante la planificación de esa casa que nos entregan ya en unas semanas - y que, por cierto, en parte es la que me tiene secuestradas la atención y las energías.

He madurado mogollón, le espetaba al mundo soberbia, si he dicho que me planto, es que me planto.

Luego no sé muy bien qué me pasó, si se me cruzaron los cables a mí o es que a mi teutón la barba le favorece demasiado, o las dos cosas a la vez. El caso es que, hace unos meses, me pillé melancólica mirando los pies del pequeño, que a sus tres años ya tienen forma de lo que son y prometen pestilencias adolescentes y le susurré al Maromen, así sin pensarlo mucho, ¿y si tenemos otro?

Cualquiera en su sano juicio habría dudado de mi estado mental, enumerado las ventajas de las que disfrutamos ahora con los niños desapañalados y las noches del tirón, los al fin posibles endiñes a las abuelas y las escapadas románticas, los enchufes liberados de carcasas protectoras y la próxima mudanza. Me habría dicho que ni de koñen. O habría, simplemente, esperado a que dejase de ovular.

Pero el Maromen, señores, debe ser que tiene el juicio deteriorado, por mí o por esta vida rústica que llevamos, ya qué más dará, porque me contestó, escueto como es él, que vale.

Vale. Ahí, con un par.

Hay días que yo misma reconozco mi chaladura y me pongo a temblar. Y otros, como hoy, en los que me noto las ganas de que llegue agosto y ponerme a olisquear al próximo polluelo o polluela que a bien hemos tenido elaborar.

Eso sí, no pienso jurar que este es el último. Por si las moscas.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El sentido del ridículo

Hoy me encuentran por aquí....


http://elclubdelasmadresfelices.com/ridiculo_maternidad/

miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Por qué la mujer de hoy se aleja de la maternidad?

Esta semana me podéis leer aquí...